La Coctelera

Efeméride

18 sep 09

Cuando pasa el tiempo, dejan de ser aniversarios. Lo notas en que apenas recibes un sms tempranero, o una sonrisa compasiva cuando lo anuncias entusiasmado. Y a pesar de todo, o gracias a ello, lo disfrutas mucho más porque se ha vuelto más puro y rezuma satisfacción al haber llegado, una vez más, al hito orgulloso que te recuerda que sabes y puedes hacer cosas buenas. Así que puede parecer que el gran día anónimo se marcha por la puerta de atrás, pero justo antes de apagar la luz lees cosas como "nadie te desprecie por ser joven, no descuides el don que posees, cuídate tú y cuida la enseñanza, sé constante" y te das cuenta de que todo, una vez más es más sabio que tú y tu resabiada inteligencia.



Terradillos - El Burgo Ranero (28 julio)


¡Uf! ¡Qué dolores al llegar, casi insoportables! Mis primeros 30 kms llenos de dolores y demás tentaciones, mira que me como la cabeza. Espero que mañana, que se presenta como día clave, vaya medianamente bien y la rodilla me respete, porque se me ha puesto como un bombo. Eso sí, llegar aquí ha sido como un oasis: la gente del pueblo encantadora, el barecito, ese albergue hecho con adobes...

Y eso que esta mañana la salida no pudo ser más desconcertante. Estuve caminando por las pistas de Terradillos a oscuras una hora o así, sin ver una flecha ni nada amarillo, con una angustia de perderme tremenda. Miraba al horizonte, a ver si alguna linterna despistada me guiaba. Pero nada. Ni viento, ni luces, ni estrellas. Solo grillos y miedo a perderme. Normal que ver esa flecha pintada en la carretera me pusiera a dar botes de alegría y a tope para seguir la ruta.

Pasé por San Nicolás al amanecer, saludando a algunos peregrinos que ayer alargaron hasta aquí su calvario por la estepa desértica en que se ha convertido Palencia. Joder con mi tierra. Hoy, por fin, tras tres días asado, tostado, abandonado, harto de la tierra de campos, abandonaba Palencia, y me he sentido como desprotegido al salir. He adelantado a los austriacos, que no son pareja, sino una mujer y el mejor amigo del marido, casi a la entrada del linde de León. Allí me agaché, justo antes de salir, a coger una piedrecita palentina, para la Cruz de Fierro. Pensé en toda mi gente y seguí adelante, el sol iba calentando. Y al poco tiempo Sahagún, enorme, y el sitio ideal para tomar un bocadillo, en un banquito frente a un albergue de ancianos. Un perro me mira, así que le doy algo de mi bocata de mortadela con tomate y jamoncito. Crema a tope y a comer una manzanita mientras salgo de Sahagún. Parece un lugar bello para visitar, por lo poco que veo. Unos hippies hacen el tonto con su perro y sus sartenes en el puente que hay justo antes de salir, y me pone de buen humor.

Luego ya es la pura nada hasta llegar al Burgo. Adelanto a los italianos que iban a toda mecha y pienso que van mal, porque con lo que corren... Estoy media etapa justo delante de ellos, y me distraigo escuchando sus risas y exclamaciones. El Burgo nunca llega, el pueblo lleva ahí, en el horizonte como una hora y media y el sol me ha dejado hecho polvo, y solo eran las 12.

Llego al albergue municipal, cerrado, y miro a la gente. Una vasca que habla mucho, unos irlandeses, una parejita que acaba de comenzar en Sahagún y van fresquísimos. Me siento muerto en el suelo, a la sombra y compruebo orgulloso que los pies siguen sin ampollas. Aparece Adrián, con su almuerzo, diciendo que sigue un poco más, otros 10 kms; me tiene flipado. Abren el albergue y empieza la magia: una casita de madera y adobe, habitaciones pequeñitas, buen ambiente... Nos atienden dos hospitaleros andaluces encantadores. Lavo mi ropa y voy a la farmacia cojeando a por Voltarén. Todo está a unos 50 pasos del albergue: la tienda, el bar, la farmacia... Me merezco un cañón de un litro con su tapita, jejeje.

Estoy tan roto que solo como algo de fruta y me voy a dormir. En mi habitación solo hay alemanes, y una chica en paro que salió de Somport y ayer anduvo ¡54 kilómetros! También va sola, y se la ve en una onda muy especial. El albergue se ha llenado, pero durante el día han estado viniendo peregrinos desesperados por el sol en busca de una cama.

A media tarde me llama S. que vive cerca y viene a verme. Me trae chorizo de su casa, para el camino. Hablamos de esto y aquello y me sorprendo alegre por verle. La gente a eso de las 7 se pone a cenar en las terracitas del bar. Los austriacos resulta que están también en el albergue, y me pongo con ellos a charlar. Me cuentan de sus trabajos, muy cercanos a lo que yo hago, y hay química. Empiezan los cantos tiroleses, las risas, las palmas... Se juntan unos alemanes que contribuyen con algo suyo... Atardece y se pone fresquito, y con la música es simplemente perfecto. Luego me han pedido que me animara con algo, y bueno, me puse con clavelitos a pelo mientras la terraza daba palmas.

Cenando conocí a otro señor de Austria que lleva 100 días en el camino, y me contó de la familia polaca que van en bici y andando, ya como un mito de esos días del camino. Luego la hospitalera, antes de dormir, nos invita a ver la Laguna de la manzana por la puesta de sol. Es un charquito, pero la gente lo celebra como si estuviéramos en el Everest. Allí se traduce la leyenda en inglés, y la vasca se sale... inventándose todo. Muy muy buen rollito, la verdad. A pesar del cansancio, le echo una carrera a Martin para ver quién se queda con el baño antes de ir a dormir.

Ya en el comedor, mientras escribo esto, me despido de los austriacos. He pasado la tarde con ellos, y hemos recorrido los tres días juntos, mis tres primeros días. Nos cambiamos los mails y me emociono al decirles adiós, porque ellos no van a León y por tanto ya iré (si Dios quiere) por delante todo el tiempo. Mis primeros amigos peregrinos. Gracias.

Me voy ya, pero te pongo aquí una poesía que he encontrado esta tarde de Claudio Rodríguez, leída a la sombra de un árbol mientras soplaba la brisa:

Ajeno

Largo se hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a la lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
la refresca y yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
solo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá. Y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

(Claudio Rodríguez)

¡Buen Camino! Mañana salgo a las 4. Me espera... León y antes 40 kms. Estoy cagado.

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Éxodo

10 sep 09

Hay un eco terrible en la habitación y unos bultos extraños en el pasillo. Los sonidos habituales de cada noche se reciben hoy como invitados a través de la ventana que abierta, ya no sé si deja entrar los últimos mosquitos del verano o salir en torrente cada uno de los suspiros y deseos colgados del techo cada una de las noches de todo este tiempo. Así, con la oscuridad, todavía me siento arropado. Mañana, vamos al centro de la tierra y hay que sacar brillo a las botas. El que vale, vale. Y el que no...



Carrión - Terradillos (27 julio)


El segundo día ha sido muy temido por las agujetas o dolores de cualquier tipo, pero cuando he llegado a Terradillos de los Templarios a eso de las 12, supe que lo peor será mañana, de los dolores y agujetas que tengo ahora, moviéndome por el albergue como Chiquito de la Calzada Candemorrr. Me siento acompañado, en la travesía, por mucha gente: objetos, mensajes, intenciones... y el Camino se hace también en parte con ellos.

La travesía ha sido llevadera en lo físico y dura en lo mental. Salir de Carrión a oscuras, dejando a la izquieda San Zoilo y cruzando a lo salvaje esa rotonda por la que paso siempre cada vez que voy al pueblo, ha sido muy entrañable. Me siento muy de aquí, estos días. Después ha venido un tramito de 17 kms sin árboles, sin pueblos y sin nada, lleno de pedruscos que me ha parecido un poco burrote, porque no ves nunca el final y te comes la cabeza a cada paso que das. El sol iba apretando. Unos franceses mayores se pararon a saludarme porque me vieron en la misa de ayer. Camino un par de kilómetros con una familia de Canarias, tres niños y el carrito trotando por ese pedregal, el padre decía que ni sentía los brazos de la vibración, y con cara de alucine me como una manzana con ellos. He celebrado como un loco la aparición de Calzadilla, tras una curva. Luego el resto del camino, con sol abrasador, ha sido un goteo de peregrinos solitarios. Veía un repecho y me decía, ¿podrás? Y después de pensar en ello ya me encontraba bajándolo. Un chico coreano escribía algo tumbado en medio del camino. Un señor del pueblo decía que hoy no hacía calor, menos mal.

En ese sentido, de comerse la cabeza, el día ha sido de mayor vaciamiento que ayer, pero con mucho ruido alrededor todavía. Muy contento con la gente del albergue, lo cierto es que hay un ambientillo increíble en estos sitios pequeños. Miedo me da meterme en sitios más grandes y más frecuentados, porque hoy también he tenido un rato larguillo solo en el camino. Marga, la hospitalera, es hermana de mi vecino del pueblo.

Sigo sin saber qué me ha traído realmente al Camino, pero lo que sí se es que hay algo que voy a ir descubriendo poco a poco, y que me gusta el ambientillo, los rituales, los saludos, los deseos sinceros de que a la gente le vaya bien. Como con David, un segoviano que hace el camino todos los años y me recomienda un par de albergues mientras despachamos una caldereta y nos reímos de una americana que corre espantada por el patio ajardinado al ver cómo el gato de aquí se carga a un ratón y juega con él. Estoy en la habitación con los austriacos de ayer, y el padre y el hijo italianos también. Está llenísimo de europeos, y muy poco español, así que disfruto puliendo el inglés.

Por la tarde, en la terracita, hablo largo y tendido con la familia de Canarias. Vienen ¡desde Roncesvalles! y lo dejarán en León, por los niños. Pero son unos jabatos. También un par de chicos de Barcelona, con quienes juego a la escoba y cenamos entre el viento que se ha levantado. Con Marc, uno de los dos chicos, estuve dando una vuelta por el pueblo (que no tenía nada de nada de nada) y hablando un poco de todo: eutanasia, aborto, qué hago yo aquí, qué hace él... el chico tiene problemas familiares y ha estado preguntándome cómo lo veía yo. Buena gente. Adrián llegó y siguió hasta el siguiente pueblo, y yo me quedo pensando si no sería mejor haber andado 5 kms más, pero es cierto que estoy roto. Un alemán me ha pagado porque sí una cerveza "para el calor" y hemos recibido con aplausos a los últimos franceses que han llegado a eso de las 5 con casi 36 grados.

Ahora la gente se retira, y hay alguien tocando una guitarra en la terraza. La ducha de hoy ha sido mi primer paraíso del día. Es bueno ver que con muy poco la gente es realmente feliz. Pienso en mi familia, me siento a millones de kilómetros de ellos. Mañana dejo Palencia y entro en León, comenzando las etapas de 30 kms. A ver si me respeta el cuerpo y se me quitan estas agujetas. Hasta mañana.

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¡...et suseia!

8 sep 09

Otra vez con la casa a cuestas. Cajas, precinto... Se cansa uno de moverse. Ahora, encima, a la boca del lobo, la gran urbe, aunque con lo tímido que soy, me quedo en la comisura, acercándome tímidamente. Allí me espera algo. Y alguien. Poco más sé. Mañana se cierra Palencia, y se abre un horizonte abrumador. Se ha ido gente, otra está yéndose, y yo decido quedarme, cuidándoles el sitio. No sé, todo es raro. Pero quería saludar por aquí. Y me permitís que en vez de poesías, os ponga, poco a poco, la crónica de mi Camino, de mi Cambio, de lo que escribí al terminar cada día. Un estriptis.



Frómista - Carrión (26 julio)


Uno nunca sabe qué va a encontrarse al comenzar algo nuevo, y el Camino asustaba. Salir así, de sopetón, tras el campamento, casi huyendo, era una prueba a mi propia resistencia física y mental. Ha sido conmovedora la ruta de las fotos con X., por Puente Fitero, la fuente del piojo, ver esos peregrinos que salían del albergue a las 6:00, la llegada a Frómista tras la salida neutralizada en coche... Me sentía nervioso y espoleado por la ilusión. De no ser por ella, todavía estaría agarrado al bordón dentro del coche.


Empiezas a andar y sientes que te tienes que vaciar de tanto ruido, de tantas cosas que pesan. Piedras, gente que adelantas y saludas, silencio. Un bastón que se escurre, e ir sintiéndose bien a medida que se llega. La parada reparadora en Villalcázar de Sirga, con la Iglesia muda (¡y los nervios del primer sello en la Credencial!). Cuando se te ponen los pelos de punta porque te adelanta un ciclista y oyes por primera vez: "Buen Camino, peregrino", o el señor que con el coche, baja la ventanilla y aminora para saludarte. Ésa ha sido la señal que estaba necesitando para que a pesar de creer que puede haber sido un error venirme solo, he acertado.


El tramo es llano, recto, seco... y el sol es de justicia. 19 kms para empezar, que se hacen cortos al llegar a Carrión. Sigo jugando en casa, es mi tierra, mi zona. Me emociono al pensar que a 50 kms está mi familia saliendo para ir a misa. Y yo llegando a Carrión, siguiendo ilusionado las primeras flechas. Con las Agustinas, como en casa, y con la familia de Y., profesora del cole, comiendo rodeado de niños y mayores, en familia, lleno de cariño y afortunado porque no hay mejor inicio para un peregrino.


En el albergue, los primeros conocidos. Adrián, de Zaragoza, que viene desde Jaca. Y dos gallegos en sus bicis, reventados. Una chica de Dinamarca muy maja que le pone ojitos al de Zaragoza. Manuel de Sevilla, en su 5º Camino. Todas estas cosas durante la cena compartida, con muy buen ambiente, risas, chistes en inglés, francés... Me he emocionado esta tarde con la presentación de los peregrinos y las canciones con las monjas. Y una misa, como en casa. Después un breve paseo con Y. por el pueblo y ver atardecer con San Zoilo recortándose sobre la arboleda. Me voy a dormir, que mañana sí que será duro. Entusiasmado por el inicio, por la gente, por las flechas, por andar por una senda mágica.


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Añado que esa noche, mientras dormíamos, un italiano se cayó de la litera y todo el mundo salió escopetado de la cama a socorrerle. Y que al salir, al día siguiente, me encontré una alumna que venía de fiesta...

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62 años

24 jun 09

En 1947 un niño con pantalones cortos y un flequillo hasta las pestañas se quedó pasmado mirando un edificio de piedra enorme mientras notaba cómo sus padres le soltaban la mano. No sabía que un tiempo después, en 1990, vería por la ventana la llegada de otro flequillo con gafas y una mano que se agarraba fuerte a unos padres, que miraba asustado esa mole que había crecido a lo ancho y sería el refugio de sus lágrimas en silencio por la noche y sus gritos alegres por los pasillos durante el día. Cosas de la vida, en 2009, esas dos personas coinciden, tras muchas vueltas, en ese Colegio cansado y famélico de alumnos, pero que infatigable se ha dejado la vida en enseñar a crecer, a mirarlo todo, y rezar, y compartir, y salir de allí hombrecitos y mujercitas que valoran lo mucho que la vida puede ofrecer. Y juntos recorren el fin de curso, arrastrando los pies, por unos pasillos vacíos, apagando luces y cerrando puertas. Para siempre. Despidiéndose. Llorando, pero sonriendo a la vez. Agradecidos. Porque hoy ha sido el día triste más bonito del mundo.



Miller Elementary School


LAS aulas están llenas de niños
tocando los tambores.


Cada vez que se equivocan
comienzan otra vez su melodía
de patria imaginada y calurosa,
que al barrio resucita.


Las calles son de nieve,
están abandonadas y el asfalto se quiebra.


En la pequeña escuela
los niños se divierten
tocando los tambores.


Ayer nadie murió,
ni las sirenas salieron de su mar.


El aire se quedó
condensado en las manos de los niños
que tocaron al ritmo de otros soles.


(Ana Merino, Juegos de niños, Visor 2003)
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Al CSA de Palencia, por su grandísimo trabajo en todo este tiempo. Y por ser mi Casa.

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Botas

4 jun 09

De pronto, puede renacer. No estaría previsto, de ahí que la sacudida inicial sea como el vuelo de una mosca insistente. Pero luego puede que te sorprendas pensando en los ratos muertos, y en los que deberías estar a lo que estás, sintiendo que es algo grande lo que está volviendo a hacerse hueco dentro. Tienes la mejor noticia cuando aparecen las voces, ésas que todo lo opinan pero que nunca cantan contigo: un disparate, allá tú, me alegro, anda, seguro, qué envidia... No sabes muy bien cómo lo ha hecho, pero la cuesta del final, esta vez, es cuesta abajo. Y pese a lo que costará subirla, será leve. Pese a lo que dejarás atrás, traerá paz. En serio. De pronto, puede renacer la ilusión. Creedme que lo cambia todo, cuando viene de segundas. Otra luz, una sonrisa más reposada, disfrutando, satisfacción al dormir. Algo tiene, definitivamente, para que en junio ponga las pilas así. Orgulloso, me calzo las botas.


(esta se la debía, Don Mario)

Camino


ESTE camino que va dondequiera
es de yuyos de asfalto o de granito
pasa por la dulzura o por el odio
y su marco es el canto de los grillos


de a trozos es la ruta del amor
y aquí y allá captura a los amantes
atraviesa la aduana de los celos
y acompaña la ruta de las aves


cuando parte del alba o se diluye
con la puesta de sol que está son solo
el camino se cubre de hojas secas
comunicando que llegó el otoño


camino de otro cielo / maravilla
de la intuición la brújula el impulso
debemos transitarlo sin preguntas
hasta el diáfano umbral de otro futuro.


(Mario Benedetti, Existir todavía, Visor 2004)
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Santiago, allá voy.

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Siempre intentar

8 may 09

Imagina que estás en una tarde de esas en las que ni los versos de Don Mario son capaces de templarte el interior, así arrevoltijada. Que te pones a hacer el bizcocho una vez más y siempre le fallará algo, otra vez. La pizquita de limón, para no pasarte de empalagoso cuando un amigo te demuestra su afecto; la esponjosidad precisa para que no solo sea una cuestión de cintura encajar una torta imprevista, sino conciliar y construir; el exterior durito para que sin tomarte por el pito del sereno, se atrevan a jugar al frontón contigo con la ilusión de un pelotazo... Recuerdas una y otra vez las intentonas con tu madre, o los consejos de quien te soportaba por teléfono cuando histérico le contabas que habías roto el molde. Te concedes el lujo, entonces, con tu todo en el horno, de tumbarte un rato en la cama y mirando al techo mientras suena algo titilante decir que no vas a dejar ni las migas que se escapan en el primer corte, y lo vas a disfrutar tanto porque es el resultado de lo que con tus manos otros muchos han hecho.



El hipódromo


CUIDARTE como a un sueño,
vida tan peligrosa que no pareces sueño,
cuando es ti lo valioso
es tenerte por sueño.
Que nuestra mutua ayuda se despida
después de haber vivido
lo que no fue ficción,
acaso tres o cuatro cicatrices.


Que pase todo eso tan suave y excesivo
con la curiosa suavidad sin sol
de un hipódromo donde no se habla
más que de la pequeña de los Kavanagh,
tan bella y trastornada,
como pasa en el sueño que ahora escribo.
(Es de ayuda que sea un día gris).


Sus ojos inventados
continúan diciendo -sí, diciendo-
que en la insistencia sobre las palabras
resiste su pequeño y blanco cuerpo.
Desde la irrealidad surge la realidad.
Desde la realidad surge la irrealidad.
Todos tratamos de tener paciencia.


(Lorenzo Plana, Ancla, Pre-Textos 1995)

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Carrera de lentitud

6 may 09

De pequeño hacíamos carreras con las bicis a ver quién llegaba el último. Una raya de tiza amenazadora, y gente suspendida en el espacio, al ritmo de media pedalada seca. Siempre llegaba el penúltimo. Un poco al estilo del síndrome del tonto que cambia de andén justo cuando marcha el tren. Hacemos cada día el esfuerzo de estirar la cuerda, para que pueda pasar la gente, y en la tensión se van quedando las manos marcadas y los músculos doloridos. Ya cansa tanto esfuerzo de final fijado. Nunca una meta apeteció tan poco como esta... Es curioso ver cómo todos seguimos pedaleando ahora, pero mirando a los lados, nunca al frente, y si acaso lo hacemos con la lupa en la mano, para no perdernos todo aquello que va pasando en cada paso: un suspiro, un cuaderno que se cierra, un aula vacía, un profesor que no habla más del año que viene... La raya de tiza que esperamos que se borre, y solo se irá cuando nuestros zapatos hayan pasado por encima de ella.



Ten miedo de mí


HOY que llevo en la boca el sabor a vencido,
procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz.
Y que cuide de ti, para ti y tus vestidos;
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano a tu amigo


La importancia de verte y morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre,
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación.
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios,
esos labios rojos y afilados,
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estás contenta.
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.


Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada porque no vaya a ser yo el viento de la noche,
y te mida y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...


O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso;
ten miedo de mayo
y ten miedo de mí


porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo,
tiembla mucho de miedo, mujer
porque no puede ser...


(Fernando Delgadillo, Con cierto aire a ti, 1993)

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Hacer las paces

16 feb 09

A veces es muy complicado hacer las paces. Tienes que meterte en sitios en obras, oscuros y peligrosos, con el riesgo de llegar y encontrar la puerta cerrada. O una vez dentro, en el portal, esperar junto al timbre con la luz apagada, sabiendo que mientras una cámara espía tu cara de preocupación y el nerviosismo que duerme la punta de tus dedos, el perdón no llega. Es tan complicado, a veces, que te tienes que volver como has ido. Mientras regresas en el coche, conduciendo distraído, sin mirar el espejo de la derecha y escapando al punto de fuga donde se pierden las luces rojas de los que te adelantan, aprecias que el cuerpo te pesa menos y los pulmones se vuelven a llenar del todo de aire. Sonríes un poco, porque a veces, para hacer las paces, hay que ir dando pequeños pasos que son inmensas victorias para uno mismo.



Anotaciones breves


ANOTACIONES breves: Las infidelidades son como los aeropuertos.

1. Conocido uno se conocen todos.
2. A su pesar, uno siempre se pierde en ellos.
3. No se está ni se quiere estar en ellos mucho tiempo.
4. Siempre hay aeropuertos nuevos a los que uno no ha ido nunca. Esto, inexplicablemente, a los hombres les da una gran confianza en el progreso humano.
5. Uno tiene siempre la secreta ilusión de que el avión que vamos a tomar no salga.
6. Uno tiene siempre la ilusión de que sin tener que tomar el avión estaremos en el punto de llegada. Por ejemplo: cada vez que se entra en el cuarto de baño de un aeropuerto, se tiene la ilusión de que se saldrá en el de llegada.
7. El colmo del ilusionismo, es creer que los aeropuertos son el viaje en sí mismo.
y 8. Siempre se deja atrás el mismo pueblo y se llega al mismo sitio.


(Andrés Trapiello, Las nubes por dentro, Pre-Textos 1996)

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