La Coctelera

Categoría: Poesía Española

62 años

24 jun 09

En 1947 un niño con pantalones cortos y un flequillo hasta las pestañas se quedó pasmado mirando un edificio de piedra enorme mientras notaba cómo sus padres le soltaban la mano. No sabía que un tiempo después, en 1990, vería por la ventana la llegada de otro flequillo con gafas y una mano que se agarraba fuerte a unos padres, que miraba asustado esa mole que había crecido a lo ancho y sería el refugio de sus lágrimas en silencio por la noche y sus gritos alegres por los pasillos durante el día. Cosas de la vida, en 2009, esas dos personas coinciden, tras muchas vueltas, en ese Colegio cansado y famélico de alumnos, pero que infatigable se ha dejado la vida en enseñar a crecer, a mirarlo todo, y rezar, y compartir, y salir de allí hombrecitos y mujercitas que valoran lo mucho que la vida puede ofrecer. Y juntos recorren el fin de curso, arrastrando los pies, por unos pasillos vacíos, apagando luces y cerrando puertas. Para siempre. Despidiéndose. Llorando, pero sonriendo a la vez. Agradecidos. Porque hoy ha sido el día triste más bonito del mundo.



Miller Elementary School


LAS aulas están llenas de niños
tocando los tambores.


Cada vez que se equivocan
comienzan otra vez su melodía
de patria imaginada y calurosa,
que al barrio resucita.


Las calles son de nieve,
están abandonadas y el asfalto se quiebra.


En la pequeña escuela
los niños se divierten
tocando los tambores.


Ayer nadie murió,
ni las sirenas salieron de su mar.


El aire se quedó
condensado en las manos de los niños
que tocaron al ritmo de otros soles.


(Ana Merino, Juegos de niños, Visor 2003)
_____________

Al CSA de Palencia, por su grandísimo trabajo en todo este tiempo. Y por ser mi Casa.

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Siempre intentar

8 may 09

Imagina que estás en una tarde de esas en las que ni los versos de Don Mario son capaces de templarte el interior, así arrevoltijada. Que te pones a hacer el bizcocho una vez más y siempre le fallará algo, otra vez. La pizquita de limón, para no pasarte de empalagoso cuando un amigo te demuestra su afecto; la esponjosidad precisa para que no solo sea una cuestión de cintura encajar una torta imprevista, sino conciliar y construir; el exterior durito para que sin tomarte por el pito del sereno, se atrevan a jugar al frontón contigo con la ilusión de un pelotazo... Recuerdas una y otra vez las intentonas con tu madre, o los consejos de quien te soportaba por teléfono cuando histérico le contabas que habías roto el molde. Te concedes el lujo, entonces, con tu todo en el horno, de tumbarte un rato en la cama y mirando al techo mientras suena algo titilante decir que no vas a dejar ni las migas que se escapan en el primer corte, y lo vas a disfrutar tanto porque es el resultado de lo que con tus manos otros muchos han hecho.



El hipódromo


CUIDARTE como a un sueño,
vida tan peligrosa que no pareces sueño,
cuando es ti lo valioso
es tenerte por sueño.
Que nuestra mutua ayuda se despida
después de haber vivido
lo que no fue ficción,
acaso tres o cuatro cicatrices.


Que pase todo eso tan suave y excesivo
con la curiosa suavidad sin sol
de un hipódromo donde no se habla
más que de la pequeña de los Kavanagh,
tan bella y trastornada,
como pasa en el sueño que ahora escribo.
(Es de ayuda que sea un día gris).


Sus ojos inventados
continúan diciendo -sí, diciendo-
que en la insistencia sobre las palabras
resiste su pequeño y blanco cuerpo.
Desde la irrealidad surge la realidad.
Desde la realidad surge la irrealidad.
Todos tratamos de tener paciencia.


(Lorenzo Plana, Ancla, Pre-Textos 1995)

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Hacer las paces

16 feb 09

A veces es muy complicado hacer las paces. Tienes que meterte en sitios en obras, oscuros y peligrosos, con el riesgo de llegar y encontrar la puerta cerrada. O una vez dentro, en el portal, esperar junto al timbre con la luz apagada, sabiendo que mientras una cámara espía tu cara de preocupación y el nerviosismo que duerme la punta de tus dedos, el perdón no llega. Es tan complicado, a veces, que te tienes que volver como has ido. Mientras regresas en el coche, conduciendo distraído, sin mirar el espejo de la derecha y escapando al punto de fuga donde se pierden las luces rojas de los que te adelantan, aprecias que el cuerpo te pesa menos y los pulmones se vuelven a llenar del todo de aire. Sonríes un poco, porque a veces, para hacer las paces, hay que ir dando pequeños pasos que son inmensas victorias para uno mismo.



Anotaciones breves


ANOTACIONES breves: Las infidelidades son como los aeropuertos.

1. Conocido uno se conocen todos.
2. A su pesar, uno siempre se pierde en ellos.
3. No se está ni se quiere estar en ellos mucho tiempo.
4. Siempre hay aeropuertos nuevos a los que uno no ha ido nunca. Esto, inexplicablemente, a los hombres les da una gran confianza en el progreso humano.
5. Uno tiene siempre la secreta ilusión de que el avión que vamos a tomar no salga.
6. Uno tiene siempre la ilusión de que sin tener que tomar el avión estaremos en el punto de llegada. Por ejemplo: cada vez que se entra en el cuarto de baño de un aeropuerto, se tiene la ilusión de que se saldrá en el de llegada.
7. El colmo del ilusionismo, es creer que los aeropuertos son el viaje en sí mismo.
y 8. Siempre se deja atrás el mismo pueblo y se llega al mismo sitio.


(Andrés Trapiello, Las nubes por dentro, Pre-Textos 1996)

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Borrón

31 dic 08

Mira que he conocido gente, y he descubierto música, libros, cosas mil... Mira que pensaba, hace un año, que este sería realmente bueno y a medida que avanzamos, he ido dándome la razón y quitándomela. Mira, en definitiva, que es un año más, simplemente. Como los demás. Solo espero volver a Gante, tomarme un café con Pere, que la mudanza no sea dura ni lejana, reírme en la planta tercera, que haya diecisiete niños que lo sean menos pero no pierdan la inocencia, marcarme un viajecito con Victoria, levantarme por las mañanas, cuidar a la otra familia, tener por fin mi E-420 y escribir 50 páginas chulas. Si no saliera nada de esto, seguiré alegrándome por las escapadas de 100 kms y las alegrías que tienen todos los días. Una lista de nombres, lugares, sonidos... Resumen el año en la medida en que dejo que mi corazón se adapte a ello. Los borrones seguirán apareciendo, supongo.



Epílogo


ME arrepiento de tanta inútil queja,
de tanta
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:


una resurrección, ninguna muerte.


(Ángel González, no sé porque estoy vago)

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Vampiro

20 dic 08

A eso de las cuatro, sudado y frío, despierto. Soñaba con una esponja que encogía, gente que lloraba, alguien que venía desde lejos y un caramelo grande. La fiebre da eso y más. Doy la luz y pongo los pies en el suelo, frío. Me siento malito y miserable, siempre sucede igual. Asocial, porque soy el único ser raro que enferma en vacaciones, todo chulo. Ando por el pasillo, un vaso de leche, un rato de tele. Mecánicamente hago zapping y tengo tan claro que la palabra por descubrir es Vampiro que no entiendo cómo no hay familias ricas por todas partes llamando tontos a los de la tele. Dilo, vampiro, vamos. Vampiro, joder. Y nada, son las 6 y el vampiro se retira a su tumba, sin haber comido ni triunfado.



En el museo


A veces, observando a la gente ambulante
por los lentos pasillos del Museo del Prado
no puedo contenerme, y me pongo a su lado
para saber qué opina -con un gesto pedante-


de un conde, un santo, un dios, o de un perro elegante.
Os aseguro que lo mejor que he escuchado
son esos comentarios del niño malhablado
al mirar una venus desnuda por delante.


Cuando esa gente huye y en la misma salida
afirma ciegamente haberlo visto todo,
no haber dejado ni una sala olvidada


me entristezco, pensando que hay quien deja la vida
jactándose saciada de eso mismo, de modo
que mirándolo todo no han contemplado nada.


(Javier García-Márquez, Otro cantar, Pre-Textos 2006)

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El síndrome del caracol

15 dic 08

Se ha puesto el día blanco, chulo, diciendo, a ver si me ensucias. Por una vez lo interesante estaba dentro, y yo con la ventana abierta todo el día para no perderme nada de lo que pasaba, las risas, los gritos, el croinch croinch de los zapatos, el silencio mientras caían los copos. Quería coger frío, helarme la nariz y las puntas de los dedos. Cualquier cosa menos mirar alrededor y notar que los libros temblaban en la estantería, y las camisas con sus puños me saludaban saliéndose del armario. Tanto parecía que todo quería irse que el grifo volvió a gotear, para marcarme el tiempo por la noche. Siempre con la casa a cuestas, y lo peor, siempre dejando rastros, como cajas cerradas, allá por donde paso. Con lo fácil que ha sido siempre borrar las huellas de la nieve, no preguntarse.



Pregunto a las iglesias...


PREGUNTO a las iglesias
por qué tienen campanas,
por qué es bueno
llenar de pronto el aire
de pájaros de bronce
que aletean muy lejos,


sus piedras no contestan,
me muestran sus heridas
de arena corroída
y cuadrantes solares,


mineral existencia
que no se hace preguntas...


(Ana Isabel Conejo, Vidrios, vasos, luz, tardes, Rialp 2004)

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Virutas

3 dic 08

A veces sueño con un diario como el de los demás. Con los acentos bien puestos en frases que se entienden en línea recta y sentimientos encontrados en cada párrafo. De esos en los que fisgas para ver si tal o cual personaje enderezan su camino o lo enlazan juntos o por separado. Los que no necesitan libro de instrucciones, y un poso de recuerdo, de que te suena, flota en cada día marcado. Pero luego llego cansado al espejo y me veo un rastro de verde y naranja en la mejilla, con los dedos manchados de tinta y una lámpara de tomate en el hombro y me digo que no. Que en realidad sueño con ver cómo la helada cae ahora que el cielo está abierto y lleno de estrellas. Y que cada tarde, con todos esos niños mirandome sacar punta a dos colores para subrayar, vemos magia en los restos que quedan en la mesa. En el polvillo que mancha los dedos y en las sonrisas dedicadas al color.



No conozco unos ojos más limpios...


NO conozco unos ojos más limpios
que los tuyos. Estás en ellos
y a la vez están
las cosas que tú ves
como las ves: el pájaro
no el vuelo. Y siempre te sorprendes
si te digo
las cosas que se dicen
los que aman. Me miras
y me enseñas
que el cuerpo del amor
-como tus ojos-
no precisa
palabras. Que es
-como tus ojos-


transparente.


(Ada Salas, Esto no es el silencio, Hiperión 2008)

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El honesto, el mediocre y la sillita de la esquina

2 dic 08

Que la vida enseña lecciones, es una perogrullada tan lógica como que la mayoría no quiere aprenderlas. Por eso cuando apareces hablando de honestidad, como una papeleta estrujada en la mano, ganadora, que posees y los demás no, solo me queda mirarte con envidia y celo, ganas de arrimarme a ver si me toca algo de rebote. Y pasan los días y el boleto se va arrugando, sin cobrar el premio. Uno se acostumbra a verte ganador, pero en el fondo no dejas de ser uno más que presume de una suerte que no sabe aprovechar. Así que al desatarme los cordones, cada noche, solo quiero no sentirme así de mínimo, de desaprovechado y en el fondo, cobarde. Mediocre. Que solo quiero estar en un rincón, calladito, pero formando parte del espectáculo que puede ser ver cómo descubres que tu boleto es ganador. Y al irme a casa, olvidarte, porque en mi bolsillo está la papeleta buena. Jódete.

Miro el reloj sin saber...


MIRO el reloj sin saber
la hora a la que llegas,
ese agujero blanco entre dos números
donde van a ser míos los planos
de tus ojos;
la confusa maqueta de tu cuerpo
se quedará ante mí
y no sabré si es un espejismo
en el metal del péndulo,
como la luz
siempre antes que el sonido,
o si el tic-tac me trajo
de verdad tu figura,
tan visible y tan plástica
como una foto, un odio,
un deseo momentáneo de romper
el reloj
de puro miedo
a que nuestras horas coincidan
de una vez
en la puerta de mi casa.


(Vanesa Pérez-Sauquillo, Vocación de la rabia, Universidad de Granada 2002)

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