De pronto, puede renacer. No estaría previsto, de ahí que la sacudida inicial sea como el vuelo de una mosca insistente. Pero luego puede que te sorprendas pensando en los ratos muertos, y en los que deberías estar a lo que estás, sintiendo que es algo grande lo que está volviendo a hacerse hueco dentro. Tienes la mejor noticia cuando aparecen las voces, ésas que todo lo opinan pero que nunca cantan contigo: un disparate, allá tú, me alegro, anda, seguro, qué envidia... No sabes muy bien cómo lo ha hecho, pero la cuesta del final, esta vez, es cuesta abajo. Y pese a lo que costará subirla, será leve. Pese a lo que dejarás atrás, traerá paz. En serio. De pronto, puede renacer la ilusión. Creedme que lo cambia todo, cuando viene de segundas. Otra luz, una sonrisa más reposada, disfrutando, satisfacción al dormir. Algo tiene, definitivamente, para que en junio ponga las pilas así. Orgulloso, me calzo las botas.
(esta se la debía, Don Mario)
Camino
ESTE camino que va dondequiera
es de yuyos de asfalto o de granito
pasa por la dulzura o por el odio
y su marco es el canto de los grillos
de a trozos es la ruta del amor
y aquí y allá captura a los amantes
atraviesa la aduana de los celos
y acompaña la ruta de las aves
cuando parte del alba o se diluye
con la puesta de sol que está son solo
el camino se cubre de hojas secas
comunicando que llegó el otoño
camino de otro cielo / maravilla
de la intuición la brújula el impulso
debemos transitarlo sin preguntas
hasta el diáfano umbral de otro futuro.
De pequeño hacíamos carreras con las bicis a ver quién llegaba el último. Una raya de tiza amenazadora, y gente suspendida en el espacio, al ritmo de media pedalada seca. Siempre llegaba el penúltimo. Un poco al estilo del síndrome del tonto que cambia de andén justo cuando marcha el tren. Hacemos cada día el esfuerzo de estirar la cuerda, para que pueda pasar la gente, y en la tensión se van quedando las manos marcadas y los músculos doloridos. Ya cansa tanto esfuerzo de final fijado. Nunca una meta apeteció tan poco como esta... Es curioso ver cómo todos seguimos pedaleando ahora, pero mirando a los lados, nunca al frente, y si acaso lo hacemos con la lupa en la mano, para no perdernos todo aquello que va pasando en cada paso: un suspiro, un cuaderno que se cierra, un aula vacía, un profesor que no habla más del año que viene... La raya de tiza que esperamos que se borre, y solo se irá cuando nuestros zapatos hayan pasado por encima de ella.
Ten miedo de mí
HOY que llevo en la boca el sabor a vencido,
procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz.
Y que cuide de ti, para ti y tus vestidos;
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano a tu amigo
La importancia de verte y morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre,
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación.
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios,
esos labios rojos y afilados,
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estás contenta.
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.
Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada porque no vaya a ser yo el viento de la noche,
y te mida y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...
O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso;
ten miedo de mayo
y ten miedo de mí
porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo,
tiembla mucho de miedo, mujer
porque no puede ser...
Que simplemente estaba peleándome con las geminadas mientras jugaba con un led azul requisado en clase, y mis palabras terminadas en -í o -iello y demás cositas. Pensando también en cómo poner las luces en la ventana y que se vean desde la autovía, y si nevará. Así estaba y en esas comenzaron a llegar, en manada, los fantasmas. No habrá manera de quitárselos de encima, gruñía en la ducha. Un mensajito, un mail incendiario, un encontronazo por la calle, un recuerdo que da pinchazos en la punta del pie. Convivir con lo que se va y viene, recurrentemente. Con los errores, y algunos de los aciertos que tiene equivocarse. Pero así no hay manera de que sepa qué es alfonsí y qué vacilaciones del siglo quince. Es que mira que se me da fatal todo lo relacionado con las evoluciones lógicas, tan partidario de atajos y excepciones. Voy a quedarme con los aciertos de equivocarse y tirar recto para salir del bucle, ea.
Precisiones sobre la vida
LA vida depende de diversas cosas
En cierto sentido, esto no se discute
Pero siempre puede cambiarse de sentido
porque no hay nada más interesante que una discusión.
La vida es bella y grande.
Conlleva fases alternas
Con una regularidad que tiende al prodigio
Puesto que a una fase le sigue siempre otra
La vida está llena de interés.
Va, viene... como las cebras.
Puede ser que muramos
-Incluso es muy probable-
Pero sin embargo esto no cambia nada:
La vida depende de diversas cosas
Y en algunos aspectos, además,
Está unida a otros fenómenos
Todavía mal estudiados, mal conocidos,
Que no volveremos a tratar.
Los tres mosqueteros blanden sus cachavas con fuerza, apoyadas en el suelo y que levantan para saludar a los jóvenes que van saliendo de la Facultad. Se cobran en sonrisas que les devuelven vida el falso peaje al que parece que les está condenando el tiempo. Así una tarde tras otra, bajo la sombra de la experiencia de un almendro en flor, van aprendiendo batallas que luego, a los que meriendan con ellos, narran con toda su alma en una voz que no les tiembla como el pulso: un señor que sujeta las flores que recoge su esposa por entre los bordillos; un niño con gafas de sol grandes que se tropieza con todo, una chica que baja del autobús corriendo a por su beso que la esperaba escuchando música, un policía que les saluda diciendo que luego vendrá para llevarles a casa, sí, papá. Nunca hubo contienda mejor librada y a la que se haga generalmente menos justicia que ésta, la de quienes ven en la vida todo aquello que de bueno les ha ido ofreciendo, valorando incluso lo mucho que pudo haberles llegado a pesar.
Fuera del tiempo
BAJO el globo caen los copos.
Ante los ojos de mi memoria,
sobre la mesa de la señorita, mi maestra
hasta la clase de los mayores del señor Servant,
se materializa
la pequeña bola de cristal.
Cuando nos habíamos portado bien, se nos permitía
darle la vuelta y sostenerla en la palma de la
mano
hasta que cayera el último copo al pie de la torre Eiffel cromada.
Aún no había cumplido siete años
y ya sabía que la lenta melopea de las
pequeñas
partículas
algodonosas
prefigura lo que siente el corazón durante una gran alegría.
La duración se ralentiza
y se dilata,
el ballet se eterniza en la ausencia de obstáculos,
y cuando se posa el último
copo,
sabemos que hemos vivido ese instante fuera del tiempo
que es la marca de las grandes iluminaciones.
A menudo,
de niña,
me preguntaba si estaría a mi alcance vivir
instantes semejantes
y hallarme en el corazón del lento y majestuoso
ballet de copos,
liberada por fín del tedioso frenesí del tiempo.
(Muriel Barbery, La elegancia del erizo -adaptación-, Seix Barral 2007)
Mira por la ventana del autobús hacia abajo, como si hubiera alguien en la calle diciéndole adiós, esperando que la luna y la inercia se lo llevaran lejos, para que pensara en él, que se queda en el asfalto, mientras mira el paisaje y le da el último sol en la cara. Luego, al llegar a casa, son algunas las veces que pone otro cepillo de dientes en el baño, para que al día siguiente, al despertar, se sienta menos solo y se despabile porque se ha equivocado al cogerlo. Camino del trabajo le llegan sus propios mensajes y se descubre emocionado ante el brillo de la pantallita de su móvil, con palabras propias que se hace sonar como ajenas. Esas y otras muchas son las trampas de la soledad, curiosamente su única compañera y maestra de servidumbres siempre que alguien se acerca, realmente, a él, para borrar su imagen reflejada en un charco que la lluvia deja.
Amor a primera vista
AMBOS están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
(Wisława Szymborska, El gran número. Fin y principio y otros poemas, Hiperión 1997)
La vida es como el bingo, cuando nos ponemos numéricos. Porque las cifras, cuando van saliendo, dicen según qué momentos cosas muy distintas de la misma persona. De ahí que la pintada de una calle de por aquí resuma tajante: "no se tienen años, se tienen ganas", a lo que debajo uno escribió "canas". Sea lo que fuere, cuando te plantas delante de unos ojos que todavía tienen que ver pasar muchas cosas por delante acabas pensando en cómo veías tú, entonces, lo que hoy muchos pasan por alto. Que ir haciendo aspas en un cartón, con el paso de los días, no es simplemente una cuestión de azar, sino de fijarse en lo que nos está tocando jugar. Ganas. Lo dice la propia palabra, que es ya un triunfo en sí misma. El mejor premio que podemos recibir en esta lotería, es seguir jugando.
Diecisiete
TENÍA diecisiete, y me pasaba la vida
persiguiendo sueños con las ilusiones altas.
Intentaba dejar atrás mi miedo
de saber cuándo y dónde ir a partir de ahí.
Así que pregunté a alguien muy cercano a mí,
con el horizonte y miras más lejanas
y me dijo
-Amigo, los días se evaporan
pero me siento con diecisiete.
No dejes que las piedras del camino
cambien quién eres ahora.
Y que, cada año,
sigas teniendo diecisiete.
-Claro, tu corazón es fuerte,
tu futuro despejado y tu vida sin errores.
No pierdas eso de vista
a medida que el tiempo vaya llevándote...
Las palabras que se pegaron entonces
solo ahora parecen descubrirme lo que eran.
-Los años, los míos, van y vienen tan rápido...
que solo espero que vivas los tuyos
como viví los que me dieron:
joven de corazón y mente.
Ojalá siempre sean diecisiete los años que cumplas...
(Simon Webbe, Grace, 2006)
[traducción liberrísima donde las haya... disculpas]
Hay un hueco en el pasillo, al fondo, como una hornacina, que acoge bajo su intento de arco tres sillas de oficina nuevas. El ajetreo, con sus prisas y sus papeles cayéndose porque no se llega, hacen del corredor una autopista de saludos, guiños y voces que se quedan en el sitio donde dos personas se cruzaron. Mágicamente, cuando la tarde trae el remanso y volvemos pausados, solo quedan dos sillas. A la mañana siguiente, una. Intrigado y puñetero decido secuestrar la que sobrevive durante unas horas en mi despacho. Luego más carreras y adioses y hasta mañanas. Al anochecer, cuando los edificios grandes asustan porque dejan nacer muchas penumbras, encuentro otra silla en el hueco del pasillo. Sonriendo, pienso en todo aquello que se va, en lo que viene de nuevas. En lo espectadores que somos a veces de ese proceso, por mucho que queramos meter mano. Que siempre habrá sillas vacías que desaparezcan, otras que llegan para ocuparse. Y otras que hay que cambiar, por viejas, incómodas y deseos de mejora.
Fútbol
JUEGA con la tierra
como con una pelota
báilala
estréllala
reviéntala
no es sino eso la tierra
tú en el jardín
mi guardavalla mi espantapájaros
mi atila mi niño
la tierra entre tus pies
gira como nunca
prodigiosamente bella
(Blanca Varela, Aunque cueste la noche, Eds. Univ. de Salamanca 2007)
A estas horas se pone uno a esperar sin saber muy bien el qué, en la agradable penumbra permitida por las luces navideñas y una farola distante. Alerta, pendiente de algo que llega para irse definitivamente. Y en el duermevela me visitan esas ilusiones de otras veces, esos fríos matutinos combatidos a base de alegría y papel rasgado, seguro al ver las miradas complacidas y satisfechas. Son líneas de ruta de mapas que uno cree tener olvidados, pero que basta comenzar a recorrer para que el trazado renazca asombrosamente. Y no es malo repasar, de vez en cuando, estas notas breves que nos recuerdan le gusto con que estudiábamos algunas lecciones. A estas horas uno se pone a esperar sin saber muy bien el qué, pero cuánto me gustaría escuchar un ruido en la calle, un crujido en la puerta y tres pares de pasos en el pasillo.
Los tres Reyes Magos
–YO soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!
–Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. El es la luz del día.
¡La blanca flor tiene sus pies en lodo
y en el placer hay la melancolía!
–Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. El es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.
–Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor, ya su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!
(Rubén Darío, Poesía (Obras Completas I), Galaxia Gutenberg 2007)