La Coctelera

Esa vocación frustrada que ahora sale...

16 may 06

¿Nunca la tuviste? ¿La descubres ahora? Seguramente sea algo tan disparatado que el simple hecho de pensar en ello te produce la risa, y un ataque de nostalgia. Te imaginas en esa vida que nunca te pertenecerá, con sus riesgos y pegas, sí, pero también con esa frescura que tiene aquello que te hizo ser lo que hoy eres. A mi me pasa con los médicos. Un tío de letras que se consuela pasando consultas catódicas. Hay cosas peores, ya lo sé. Pero me divierte pensar que lo que pudo ser tiene muchas semejanzas distantes con lo que soy.

Ascensión de la escoba


CORONAD a la escoba de laurel, mirto, rosa.
Es el héroe entre aquellos que afrontan la basura.
Para librar del polvo sin vuelo cada cosa
bajó, porque era palma y azul, desde la altura.


Su ardor de espada joven y alegre no reposa.
Delgada de ansiedad, pureza, sol, bravura,
azucena que barre sobre la misma fosa,
es cada vez más alta, más cálida, más pura.


Nunca: la escoba nunca será crucificada,
porque la juventud propaga su esqueleto
que es una sola flauta muda, pero sonora.


Es una sola lengua sublime y acordada.
Y ante su aliento raudo se asienta el polvo quieto.
Y asciende una palmera, columna hacia la aurora.


(Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias, Austral 1999)

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