El señor Emiliano se levanta todos los domingos a las cuatro de la madrugada, y se va a la zona de copas a recoger vasos para luego vendérselos al bar de debajo de su casa. Luego las mañanas las mata haciendo solitarios en la cocina, mientras su mujer, la Daniela, hace los filetes que se comen juntos a las 12. Fuma puritos y está medio sordo, y por la tarde juega al tute con algunos amigos si la Daniela no ha hecho lo propio con sus amigas. La Daniela está medio ciega, y tiene unas gafas enormes que no la ayudan para encontrar la dentadura cuando la deja en un vaso desconchado en el cuarto de baño.
Se acuestan a las 6, porque cenan a las 5. Tienen un hijo, pero apenas pasa a verles.
El señor Emiliano desconfía de los jóvenes, esos que se encuentra por las noches que sale a cazar cristal. Mira con curiosidad cómo le pintan la casa, cómo le rascan las paredes que se caen, cómo cubren con papel esa bombillita de flexo que tiene por única luz en el gigante salón de su casa. Al finalizar el sábado, tras dos días blanqueando su vida, el señor Emiliano se acerca a charlar con los jóvenes voluntarios que le han dado una capa de esperanza a su rutina. Y se ríe con ellos, y les cuenta sus cosas. Y los jóvenes aprenden que detrás de cada puerta, puede haber un Emiliano y una Daniela necesitados no solo de pintura, sino de compañía y cariño. Gracias, chicos.
Travesti inglés
Cuando va por la calle
algunos le insultan.
hace que no se entera
y sigue andando,
pero por dentro
se está muriendo,
o qué pensabas.
(Pablo Méndez, Cadena Perpetua, Virtuvio 2002)

De Cáritas, me cuentan que el señor Emiliano está más que contento con su casa. Pasaron una tarde con él. Vamos, un ratillo...
ese poema é un dos poucos que se salvan da antoloxía de "los jueves poéticos"
A ver cando muda a nova poesía española, que xa aborrece a un... nós (-outros) vamos temos cousas máis interesantes que ler. (cfr. gamoneda)