Abrir la caja, y destaparse la fiesta. El color puede con el ánimo más bajo, en serio. Suceden a ese gesto voces cada vez más altas, cambios de sitio, esperas impacientes por uno... y luego el silencio del trabajo. Bordar con tinta fantasías, esmeros y sobre todo ganas de gustar. Y la tarde, tediosa y cansada, se levantó de repente y se puso una capa, cómo no, arcoiris. Benditos niños y sus hojas blancas de papel.

Problemas de doblaje


EN la toma perfecta, cuando el guión es bueno
y los actores fingen dignamente ser héroes,
el tiempo marca estrías, va apagando
uno a uno los focos y la banda
sonora se interrumpe.
Sensación de pantalla degarrada
la insuficiencia siempre de vivir.
Qué frágil la película
que intentamos rodar en esas horas
para sesión privada y clandestina
en la pantalla interna de los párpados.
Un insípido tono pudoroso
de noche americana
en las irisaciones del deseo,
ni siquiera el siena matizado
del pasado indoloro nos acude.
Sueño de gabardinas
por calles satinadas de humedad,
labios muy densos, casi
negros desde la sala. Juventud,
cinta de celuloide erosionado,
un guión mediocre,
problemas de doblaje.


(Aurora Luque, Problemas de doblaje, Adonais 1989)