Aún sin entender qué da la talla al tiempo, sin comprender sus centímetros, me declaro en estado de enanismo. Solo por hoy, que tengo moquillo y me duelen los pies. Mañana se me quedará igual de frío el borde de las gafas cuando salga a la calle, pero no habrá cien micos que me lo digan y yo les quiera por ello. Ahora sí, llegó la Navidad. Casi que se me han pasado, las horas bajas. En el casi entra mi agotamiento de una noche larguísima.
Mi cuervo
UN cuervo voló hasta el árbol del exterior de mi ventana.
No era el cuervo de Ted Hughes, ni el cuervo de Galway,
ni el cuervo de Frost, Pasternak, o Lorca.
Ni uno de los cuervos de Homero, harto de sangre
después de la batalla. Era solo un cuervo.
Que jamás encajó en parte alguna,
ni hizo nada digno de mención.
Estuvo posado allí en la rama durante unos cuantos minutos.
Luego alzó el vuelo y desapareció bellamente
de mi vida.
(Raymond Carver, Bajo una luz marina, Visor 1990)

Espero que la poesía no desaparezca nunca de tu vida, nos perderíamos una bella manera de verla.
Feliz Navidad. Y un próspero año 2007
Un abrazo