Cuesta llevar el domingo a rastras todo el día. Llega un momento que no sabes qué hacer con él. Ahora le tengo afuera, en la terracita, tomando el fresco. Es como esos muñecos de los cursillos de primeros auxilios: casi real, un reflejo del viernes y un anticipo del mal estado del lunes. Me reprochaba, justo antes de entrar a escribir esto, que le hubiera gustado pasar más tiempo conmigo. Que no le he hecho ni caso. Miré al horizonte, al mar, y justo pasaba el ferry camino del puerto. No sé quién se movía, si el barco o yo. Si el domingo o mi cerebro.
Que me quiten lo bailao.
Sensaemas
I
Una vitela de noche
difumina la luna expectante.
Desde la calle,
el caftán de tu cuarto hace
lo mismo con la lámpara encendida.
II
Tras mi partida
dices tu corazón plañe rocío.
Pero las rocas
saben en su interior conservar
el tiempo y el calor de un día al sol.
III
Amanece el aire
limando sus aristas entre el follaje.
En el otoño,
recoger las hojas de vez en cuando
me recuerda que lo perfecto también suelta esquirlas.
(Poedía, Ágrafos, 2003)

Que bonito poema.
Muchas gracias por tu comentario y por leer mis cosillas.
Saludos.