Día de comedor, día de horror. Para colmo Alicia tropieza con Jaime, que estaba haciendo break-dance en el suelo, y sus tres años y la bandeja de comida salieron disparados hacia mí. Cacé a la niña, el tomate me pilló a mí. Mancillado, señalado para el resto de jornada, ladré a Gonzalito que acabara de una vez. De repente ocurre. Pasitos tímidos. ¿Me atas las zapatillas? (Las ato). Presencia diminuta detrás. No me sale esta resta y no quiero croquetas (Restamos y dejamos las croquetas). Una niña sonríe a lo lejos y viene a darme un beso. Así. Se van yendo, pero se despiden alegres y me invitan a jugar al fútbol con ellos. Eso es. Sentirse a gusto en tu mundo gracias a los otros. Esa es la felicidad doméstica, la Vida

Y tu infancia, dime


Y tu infancia, dime, ¿dónde está tu infancia?,
que yo la quiero.
Las aguas que bebiste,
las flores que pisaste,
las trenzas que anudaste,
las risas que perdiste.
¿Cómo es posible que no fueran mías?
Dímelo, que estoy triste.
Quince años, solo tuyos, nunca míos.
No me escondas tu infancia.
Pídele a Dios que nos desande el tiempo.
Volverá tu niñez y jugaremos.


(Gerardo Diego, Versos humanos, 1925)