No entiendo cómo hacen mis preocupaciones para quedarse pegadas al techo de la habitación. Hacen burla durante la noche, así que a veces tengo un ojo medio abierto por si se propasan. Me regalaron para mi hermana unos planetas fosforescentes que bien podría pegar en su cubículo ikeano, pero los veo ahora en la bolsa y creo que no tendrán mejor universo que el mío. Casi veo ya un pequeño resplandor asomando por entre el plástico. Cósmico. Suena a reconciliación con algo. O a orden. O suena bien, sin más. Me siento cósmico y me apetece ir a dormir solo por ser yo esta vez el de las burlas...

Noviembre, 26


QUE nuestras manos puedan
protegernos del sol,
que eclipsen su contorno totalmente,
no debiera ocultarnos el tamaño
de ese astro al que quiero llamar padre.
Bajo su luz desnuda
no precisan las cosas de adjetivos:
la mañana del mundo es cuanto tengo,
contra su cielo soy
un cuerpo frente al mar que ahora procura
disfrutar de su instante
en el hueco sin pausa de los siglos.


Austeridad y lujo de lo exacto.


(Vicente Gallego, La luz de otra manera, 1988)