Tiogerardo
1 feb 07Mi madre nunca llama a las dos y cuarto del mediodía. Así que después me quedé pensando en las tardes que subíamos al pueblo a verlo, y al llegar nos decía ¡eyyyyyyy!, y sentados en sus rodillas, nos daba leche condensada a todos para tomar un café que molíamos artesanalmente. Pensé también en lo mucho que hizo porque su estar aquí fuera realmente eso, una presencia para todos. Y luego no pensé más porque mi alma se puso de borrasca. Llevo hoy su reloj, el que me regaló por mi profesión. Se está quedando sin cuerda. Chao, tío.
Ocaso
ERA un suspiro lánguido y sonoro
la voz del mar aquella tarde... El día,
no queriendo morir, con garras de oro
de los acantilados se prendía.
Pero su seno el mar alzó potente,
y el sol, al fin, como en soberbio lecho,
hundió en las olas la dorada frente,
en una brasa cárdena deshecho.
Para mi pobre cuerpo dolorido,
para mi triste alma lacerada,
para mi yerto corazón herido,
para mi amarga vida fatigada...
¡el mar amado, el mar apetecido,
el mar, el mar y no pensar en nada!...
(Manuel Machado, Alma. Ars moriendi, Cátedra 1999)
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(Valcovero, 1913 - Sevilla 2007)