Me la sé de memoria. Envidio cada uno de sus treinta centímetros de madera. Sus sitios, sus fechas, sus nombres de fama. Es mi primera envidia longitudinal. Una envidia contable que no es un souvenir, sino un recuerdo permanente. De algo que todavía no sé qué es, pero me llena de electricidad los dedos y de deseos las páginas en blanco. El bueno de Guillermo; el cojonudo. Algún día soñaré que también tengo una de esas y Pilar la comprará en la tienda de Velilla y nos podremos olvidar de Stratford.

Pintores son mis ojos: te fijaron...


PINTORES son mis ojos: te fijaron
sobre la tabla de mi corazón,
y mi cuerpo es el marco que sostiene
la perspectiva de la obra insigne.


A través del pintor hay que mirar
para encontrar tu imagen verdadera,
colgada en el taller que hay en mi pecho
al que brindan ventanas sus dos ojos.


Y observa de los ojos el servicio:
los míos diseñaron tu figura,
los tuyos son ventanas de mi pecho
por las que atisba el sol, feliz de verte.


Mas algo falta al arte de los ojos:
dibujan lo que ven y al alma ignoran.


(William Shakespeare, The Complete Works, Collins 1994. Traducción de mundopoesia.com)