Media hora, o tres cuartos quizá, observando a un amigo en la distancia. Viendo cómo se ríe mientras habla por teléfono. Cómo se va ensanchando de disfrute. Es mi gasolina en estos momentos "en rojo", aburridos y sin chispazos. Sales a pasear y te encuentras una joya. Digo que es Elmo, o su espíritu de la felicidad. El de la sonrisa auténtica, sana, contagiosa, perfecta para mí. El que hay que sacar de adentro para dar luz a los de afuera. Por mi amigo Elmo. Que sea el tuyo



De vita beata


¡QUÉ nitidez bajo este sol de invierno!
Eso eres tú,
la luz.


(Pilar Blanco, La luz herida, Algaida 2004)


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(A Miguelito, gracias)