Tenía unas ruedas enormes, me sacaban medio metro de alto, por lo menos. La primera hora íbamos 50 en el jeep-bus, luego cuando se apeó el sueño quedamos algunos menos. En aquella visita a Doñana, ahora lo veo, se nos enseñó de bien pequeñitos (no lo éramos, pero suena mejor) la lección de la vida, o una de las muchas que tiene: Subidas y bajadas, subidas y bajadas; así es la vida según el coto. Dicho en bonito, duna y corral. Siempre, si había un promontorio, había un corralito. A cada duna, su valle. Como la vida misma. Y nosotros en el jeep tan campantes, sacando fotos. Hasta que pinchó el jeep de ruedas enormes. Tanto para nada. Como la vida misma.



No siempre soy igual en lo que digo y escribo...


NO siempre soy igual en lo que digo y escribo.
Cambio, pero no cambio mucho.
El color de las flores no es el mismo al sol
que cuando pasa una nube
o cuando entra la noche
y las flores son color de sombra.
Mas quien quiera mirar bien ve que son las mismas flores.
Por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo,
fíjense bien en mí:
si estaba vuelto a la derecha,
me ha vuelto ahora a la izquierda,
pero siempre soy yo, teniéndome en los mismos pies.
El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra
y a mis ojos y a mis oídos atentos
y a mi clara simplicidad de alma...


(Fernando Pessoa, 42 Poemas, Mondadori 1998)