Se oye música en el desván
29 may 07Hay un punto del día donde el sol juega a deslumbrar y esconderse entre los edificios, al atardecer. Se asoma, y en tu ceguera temporal solo puedes vivir con tus oídos. Llegan sonidos lejanos, de aquí mismo pero que se están volviendo caducos. No sabes hasta qué punto el soniquete es fruto de la memoria o de un balcón que se merienda el crepúsculo según llega. Una mecedora y unos niños. El calorcito en la cara y la caricia fría del viento. Un trompetista iniciándose y una risa al terminar. Merece la pena abrir la trampilla y subir a ver qué está pasando con tanto recuerdo alborotado por una simple puesta de sol.
Haikus de jazz
DIEZ dedos roncos
sorprenden el teclado.
El humo atiende.
Soplo cansado,
estrías en la voz.
Alma inmortal.
Suena más cierta
la trompeta marchita
en la ginebra.
Usgo y gozo
de cuatro austeras cuerdas
brotando unísonos.
(Eduardo Roldán, Haikus de jazz, Incipit 2007)