En otro lugar
3 sep 07Salta el eco desde las baldas vacías y se queda esperando entre las cajas de cartón, al igual que las paredes, llenas de interrogantes. Apenas se oye el saludo del tren nocturno, que trata de entibiar un aire que se reafirma fresco, pese a ser un sitio tan pequeño. Desde la habitación sigue viendo el mar (en una foto), ya no se oyen los niños (ahora escucha el andar de dos tortugas) y ya no siente los hombros cargados de esa presencia que no llegó a ver. Está de regreso, de reencuentro, de resaca. Es tiempo de esperar a que crezca el pelo, de graduarse la vista y de llenar la mochila de libros, tanto tiempo después. Todo eso halló doblado en un papel debajo de la almohada y lo escribió para recordarlo en su primera noche.
Sobre el derecho a decir ciertas cosas (adaptación)
DURANTE toda mi vida, he tenido la impresión de que podía
convertirme en una persona distinta. De que yéndome a otro lugar
y empezando una nueva vida, iba a convertirme en otro hombre.
He repetido una vez tras otra la misma operación.
Para mí representaba, en un sentido, madurar y, en otro sentido,
reinventarme a mí mismo.
De algún modo, convirtiéndome en otra persona quería librarme
de algo implícito en el yo que había sido hasta entonces.
Lo buscaba de verdad,
seriamente,
y creía que, si me esforzaba, podría conseguirlo algún día.
Pero, al final, eso no me conducía a ninguna parte.
Por más lejos que fuera, seguía siendo yo.
Por más que me alejara, mis carencias seguían siendo las mismas.
Por más que el decorado cambiase,
por más que el eco de la voz de la gente fuese distinto,
yo seguía siendo el mismo ser incompleto.
Dentro de mí se hallaban las mismas carencias fatales,
y esas carencias me producían un hambre y una sed violentas.
Ese hambre y esa sed
me han torturado siempre, tal vez sigan torturándome a partir de ahora.
En cierto sentido, esas carencias, en sí mismas,
son lo que yo soy.
Pero sé una cosa. Ahora, por mí, quiero convertirme en un nuevo ser.
Tal vez lo logre.
Aunque no sea fácil, tal vez, esforzándome, consiga un nuevo yo.
A decir verdad, si volviera a ocurrir lo mismo,
tal vez actuara igual.
No puedo prometerte nada.
A eso me refiero cuando hablo de tener derecho.
No consigo estar seguro de poder vencer esa fuerza.
(Haruki Murakami, Al sur de la frontera, al oeste del sol, Tusquets 2003)