Como la vieja película de la que no podemos escapar, a pesar de su dudoso gusto, los domingos por la tarde nos recreamos en viajes de vuelta, con radios mal sintonizadas y un sol que nos obliga a cerrar los ojos para recordar mejor. Avanzan las líneas blancas mientras atrás quedan remembranzas, fallos y sonrisas. Nuestra manía por regresar a esos cuartos deshabitados sucede también de mañana, en clase. O por un pasillo que se queda mudo y lleno de papeles. Con esa canción de ritmo que va y viene, también. En todo caso, siempre valen para enfocar la mirada tras venir de lejos, de coger fuerzas, de palpar el corazón y desperezarnos porque es martes. Las luces del peaje son el precio que tenemos que pagar por salir de nuestros pensamientos.



Esta mañana soy tan amplio como el mundo


ESTA mañana soy tan amplio como el mundo.
Me basta con vivir.
Me basta con el título de un libro:
trata de la dulzura
en el pensamiento
griego. Es
de Jacqueline de Romilly.
Yo tenía el proyecto de vivir junto al mar.
(Dioniso navegando sobre un mar de dulzura
estaba en las crateras, sobre el nivel del vino).
Ahora he construido mi casa sobre un río.
De la belleza y las implicaciones
morales que comporta ver el agua que fluye
soy consciente. Del agua soy consciente.
Me basta con mirar. El título de este
libro, su contenido que equivale
a esta mañana. Leo. Acepto todos
estos regalos que nadie me ha hecho.


(Juan Antonio González Iglesias, Un ángulo me basta, Visor 2002)