Todas las palabras andan sueltas por las calles, esperando a que la persona apropiada se cruce para pegarse como lapas a su espalda y quedarse ahí. Es algo que sucede siempre, como un acto de posesión, o parecido. Que es lo mismo, digo yo, que todas esas frases que quedan por el aire cuando las escuchas a lo largo del día y luego poco a poco les vas poniendo sentido, y sorprendido ves lo mucho que te dicen porque, oh, eran para ti. Hay una calle abandonada que ahora tiene una auténtica manifestación de palabras. Van a echar a correr, de hecho me persiguen y se quieren pegar a la chepa. Ya sé que son para mí, y que lo que dicen lo dicen por mí, ¿no basta con eso? Hoy me ha cazado una frase: "Vives igual que juegas al parchís". Este fin de semana, solo gané una partida. De ocho. Con eso lo digo casi todo, porque mi estilo jugando...



Cielo


AHORA necesito más que nunca
mirar al cielo. Ya sin fe y sin nadie,
tras este seco mediodía, alzo
los ojos. Y es la misma verdad de antes
aunque el testigo sea distinto. Riesgos
de una aventura sin leyenda ni ángeles,
ni siquiera ese azul que hay en mi patria.
Vale dinero respirar el aire,
alzar los ojos, ver sin recompensa,
aceptar una gracia que no cabe
en los sentidos pero les da nueva
salud, los aligera y puebla. Vale
por mi amor este don, esta hermosura
que no merezco ni merece nadie.
Hoy necesito el cielo más que nunca.
No que me salve, sí que me acompañe.


(Claudio Rodríguez, Alianza y condena, Alianza 1995)