Carrera de lentitud
6 may 09De pequeño hacíamos carreras con las bicis a ver quién llegaba el último. Una raya de tiza amenazadora, y gente suspendida en el espacio, al ritmo de media pedalada seca. Siempre llegaba el penúltimo. Un poco al estilo del síndrome del tonto que cambia de andén justo cuando marcha el tren. Hacemos cada día el esfuerzo de estirar la cuerda, para que pueda pasar la gente, y en la tensión se van quedando las manos marcadas y los músculos doloridos. Ya cansa tanto esfuerzo de final fijado. Nunca una meta apeteció tan poco como esta... Es curioso ver cómo todos seguimos pedaleando ahora, pero mirando a los lados, nunca al frente, y si acaso lo hacemos con la lupa en la mano, para no perdernos todo aquello que va pasando en cada paso: un suspiro, un cuaderno que se cierra, un aula vacía, un profesor que no habla más del año que viene... La raya de tiza que esperamos que se borre, y solo se irá cuando nuestros zapatos hayan pasado por encima de ella.
Ten miedo de mí
HOY que llevo en la boca el sabor a vencido,
procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz.
Y que cuide de ti, para ti y tus vestidos;
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano a tu amigo
La importancia de verte y morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre,
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación.
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios,
esos labios rojos y afilados,
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estás contenta.
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.
Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada porque no vaya a ser yo el viento de la noche,
y te mida y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...
O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso;
ten miedo de mayo
y ten miedo de mí
porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo,
tiembla mucho de miedo, mujer
porque no puede ser...
(Fernando Delgadillo, Con cierto aire a ti, 1993)