Éxodo
10 sep 09Hay un eco terrible en la habitación y unos bultos extraños en el pasillo. Los sonidos habituales de cada noche se reciben hoy como invitados a través de la ventana que abierta, ya no sé si deja entrar los últimos mosquitos del verano o salir en torrente cada uno de los suspiros y deseos colgados del techo cada una de las noches de todo este tiempo. Así, con la oscuridad, todavía me siento arropado. Mañana, vamos al centro de la tierra y hay que sacar brillo a las botas. El que vale, vale. Y el que no...
Carrión - Terradillos (27 julio)
El segundo día ha sido muy temido por las agujetas o dolores de cualquier tipo, pero cuando he llegado a Terradillos de los Templarios a eso de las 12, supe que lo peor será mañana, de los dolores y agujetas que tengo ahora, moviéndome por el albergue como Chiquito de la Calzada Candemorrr. Me siento acompañado, en la travesía, por mucha gente: objetos, mensajes, intenciones... y el Camino se hace también en parte con ellos.
La travesía ha sido llevadera en lo físico y dura en lo mental. Salir de Carrión a oscuras, dejando a la izquieda San Zoilo y cruzando a lo salvaje esa rotonda por la que paso siempre cada vez que voy al pueblo, ha sido muy entrañable. Me siento muy de aquí, estos días. Después ha venido un tramito de 17 kms sin árboles, sin pueblos y sin nada, lleno de pedruscos que me ha parecido un poco burrote, porque no ves nunca el final y te comes la cabeza a cada paso que das. El sol iba apretando. Unos franceses mayores se pararon a saludarme porque me vieron en la misa de ayer. Camino un par de kilómetros con una familia de Canarias, tres niños y el carrito trotando por ese pedregal, el padre decía que ni sentía los brazos de la vibración, y con cara de alucine me como una manzana con ellos. He celebrado como un loco la aparición de Calzadilla, tras una curva. Luego el resto del camino, con sol abrasador, ha sido un goteo de peregrinos solitarios. Veía un repecho y me decía, ¿podrás? Y después de pensar en ello ya me encontraba bajándolo. Un chico coreano escribía algo tumbado en medio del camino. Un señor del pueblo decía que hoy no hacía calor, menos mal.
En ese sentido, de comerse la cabeza, el día ha sido de mayor vaciamiento que ayer, pero con mucho ruido alrededor todavía. Muy contento con la gente del albergue, lo cierto es que hay un ambientillo increíble en estos sitios pequeños. Miedo me da meterme en sitios más grandes y más frecuentados, porque hoy también he tenido un rato larguillo solo en el camino. Marga, la hospitalera, es hermana de mi vecino del pueblo.
Sigo sin saber qué me ha traído realmente al Camino, pero lo que sí se es que hay algo que voy a ir descubriendo poco a poco, y que me gusta el ambientillo, los rituales, los saludos, los deseos sinceros de que a la gente le vaya bien. Como con David, un segoviano que hace el camino todos los años y me recomienda un par de albergues mientras despachamos una caldereta y nos reímos de una americana que corre espantada por el patio ajardinado al ver cómo el gato de aquí se carga a un ratón y juega con él. Estoy en la habitación con los austriacos de ayer, y el padre y el hijo italianos también. Está llenísimo de europeos, y muy poco español, así que disfruto puliendo el inglés.
Por la tarde, en la terracita, hablo largo y tendido con la familia de Canarias. Vienen ¡desde Roncesvalles! y lo dejarán en León, por los niños. Pero son unos jabatos. También un par de chicos de Barcelona, con quienes juego a la escoba y cenamos entre el viento que se ha levantado. Con Marc, uno de los dos chicos, estuve dando una vuelta por el pueblo (que no tenía nada de nada de nada) y hablando un poco de todo: eutanasia, aborto, qué hago yo aquí, qué hace él... el chico tiene problemas familiares y ha estado preguntándome cómo lo veía yo. Buena gente. Adrián llegó y siguió hasta el siguiente pueblo, y yo me quedo pensando si no sería mejor haber andado 5 kms más, pero es cierto que estoy roto. Un alemán me ha pagado porque sí una cerveza "para el calor" y hemos recibido con aplausos a los últimos franceses que han llegado a eso de las 5 con casi 36 grados.
Ahora la gente se retira, y hay alguien tocando una guitarra en la terraza. La ducha de hoy ha sido mi primer paraíso del día. Es bueno ver que con muy poco la gente es realmente feliz. Pienso en mi familia, me siento a millones de kilómetros de ellos. Mañana dejo Palencia y entro en León, comenzando las etapas de 30 kms. A ver si me respeta el cuerpo y se me quitan estas agujetas. Hasta mañana.