Desde la última vez, has crecido. Como más hombre, quizá más cansado. En el fondo de los ojos sigue habiendo ese brillo, y te rodeas de colores como el primer día, animado por las risas de los niños que te llevan a lugares conocidos a los que ahora te da un poco más de vergüenza visitar. Pero sí, sigues siendo tú. Acaso miras un poco más al cielo, porque vas aprendiendo que todo se lo debes a él, y no haces tanto el loco cuando la gente se te acerca divertida. Sé que eres tú porque miras igual por la ventana al amanecer, suspiras todo lo que te rodea al caminar por las calles abarrotadas y te sonríes igual cuando aprecias la vida que se esconde siempre pero a ti parece saludarte burlona. Te echamos de menos y te necesitamos, como tú a nosotros...
Lo que lleva un poeta en la mochila
LLEVA yogur para el camaleón
Las tijeras del equinoccio con que sí
Las tijeras del equinoccio con que no
Piedrecillas para el cementerio judío de la piedad
El bulbo del razonamiento
La Historia del Movimiento Obrero de las Hormigas
Una taza para el agua
La llave que abre el sueño de las muchachas dormidas
Los zapatos de Josephine Baker y la herradura de los ladrones
Lleva un puñado de tierra para la almohada
Y es la almohada
Un silbato para encender el brasero
Ruido de nueces para el instante de las semejanzas
Una aldea donde es feliz el calor
El pasadizo de estrellas hacia el rey del otoño
Un tintero para el himno de la desobediencia
Pan para el pan, eso lleva
Lleva la prosperidad de las repeticiones
(Juan Carlos Mestre, La habitación roja, Calambur 2008)

Te echábamos de menos, pero eres tú...
Cómo me gusta lo que escribes. Se te espera por estas tierras, amigo...